EL MIEDO AL AGUA

El miedo para un niño se refiere sobre todo al desconocimiento de una experiencia o falta de contacto previo con ésta, a no saber del todo qué significa y qué resultados o consecuencias le podría ocasionar. Es más, los niños imaginan que las experiencias frente a las cuales sienten temor representan un peligro o amenaza directa para ellos.

Con respecto al miedo relacionado al agua o a entrar en una piscina, los niños pueden pensar que esta experiencia implica la posibilidad de que algo malo les pueda pasar, desde golpearse en el agua, hundirse, hasta incluso ahogarse. En sus mentes, los niños que se sienten más asustados crean imágenes fantasiosas de aquello que les podría pasar, como si observaran esto a diario.

Miedo al Agua

¿Que hacer?

Desde nuestro rol de padres, tenemos que tener presente que si queremos que nuestros hijos entren a la piscina y aprendan a nadar, no debemos reforzar estos miedos en ellos. Lo apropiado será darles la tranquilidad necesaria para que confíen en que lo que les decimos es cierto. Primero, antes que nada debe Ud. como padre preguntarse: ¿qué tanto temor tiene ud. a que algo malo le pueda pasar a su hijo en la piscina? ¿Cuánto confía en los profesores y en el sistema de enseñanza? Si Ud. se siente cómodo y tranquilo, pues entonces lo mejor será transmitirles ese sentimiento a sus hijos, sobre todo a aquellos que se sienten temerosos. Si no se siente cómodo, pues entonces es difícil que les pueda siquiera inspirar tranquilidad y confianza. Recuerde lo siguiente: cuando Ud. era chico y se encontraba en casa y tenía la primera experiencia de sentir un temblor, ¿qué solía hacer? ¿A quién recurría como guía? Muchos recuerdan que ante la desconcertante experiencia, solían mirar a sus padres para saber qué hacer. Si estos lucían muy intranquilos y salían corriendo, pues Ud. se sentía igual y lleno de angustia se apuraba para salir. Si sus padres por el contrario lucían tranquilos, pues entonces se sentía seguro de esa situación y de la tranquilidad y serenidad con la cual sus padres se manejaban.

Por tanto, una forma de reforzar el entrar a la piscina dentro de un clima de seguridad será pidiéndole a nuestro hijo temeroso que observe a un grupo de niños de la piscina que parecen verse contentos y disfrutar del agua y de las clases. Dígale a su hijo: "Mira aquellos chicos…. ¿Cómo se les ve? ¿Están contentos o por el contrario asustados? ¿Parecen estarla pasando bien o mal? Entonces… ¿Qué razones tienes para creer que lo vas a pasar mal adentro en la piscina si los demás parecen estar contentos y disfrutándolo? Fíjate además: ¿Los niños están dejado solos o son guiados por un profesor? ¿Los niños pueden o no hablar con su profesor si desean algo?"

Esto ayudará a reducir el temor en los niños y al mismo tiempo aumentar su confianza en esta nueva experiencia. Lo que sí es muy cierto es, que en definitiva, cuanto más larga y difícil sea para ellos esta primera experiencia de entrar en el agua, peor será después. Otro aspecto que preocupa y a veces a los padres les cuesta mucho saberlo manejar, es ver a sus hijos que se sienten muy incómodos, asustados y “sufriendo” por no querer entrar al agua. Esto sin duda se constituye en un problema pues el padre, no pudiendo resistirse a la negativa de su hijo, opta ya sea por venir y no inscribirlo o por inscribirlo y no traerlo, lamentablemente cayendo en un círculo vicioso donde el niño no aprende a nadar y no vence su temor al agua.

Por tanto, lo único que sucede en estos casos es que el temor de su hijo no se afronta, sino más bien se refuerza. Además los niños aprenden de este modo que pueden y deben evitar a toda costa toda experiencia que resulta no placentera, incómoda o difícil de manejar. Luego, es de esperar que a estos niños les sea incluso difícil comprometerse en cumplir con sus responsabilidades académicas, que suelen en la mayoría de veces ser bastante difíciles e incómodas para ellos.

Para terminar, si bien el tema de los miedos es un tema cotidiano y frecuente, no por eso puede constituirse en un problema de magnitud importante. Finalmente, un niño que no aprende a nadar por el temor de entrar a la piscina, no sólo es un niño que se muestra inseguro y no ha vencido el temor, sino que, aún más importante, puede necesitar de este recurso de la natación en una situación de emergencia, que si no hemos aprendido a sobrellevar, luego podríamos con pena, lamentar.

Cualquier consulta al respecto, o si siente Ud. que está teniendo dificultades para afrontar el temor de su hijo, puede visitarnos en el Centro Psicológico Psicotrec. (2do piso Academia Tater Ledgard).

Natalia Ferrero Delgado


Psicóloga psicoterapeuta

Directora Psicotrec.